Ciudad de Panamá, 17 de enero de 2019
Academia Panameña de la Lengua
SOBRE AUGURIO Y LOS BUENOS COMIENZOS
Por María Pérez-Talavera
Presentación de Augurio, libro de cuentos de Gilza Córdoba publicado por Foro-Taller Sagitario, Ediciones, julio 2018.
Distinguido Dr. Rafael Candaneda, miembro numerario de la Academia Panameña de la Lengua;
Personal, directivos y académicos de la Academia Panameña de la Lengua;
Profesor Enrique Jaramillo Levi, escritor y promotor cultural;
Licenciada Gilza Córdoba, escritora;
Público presente y distinguidas personalidades;
Buenas noches y un cordial saludo.
Ante todo quiero agradecer a la autora Gilza Córdoba y al profesor Enrique Jaramillo Levi, por brindarme la oportunidad de compartir mis apreciaciones sobre la grata lectura de Augurio, y a la Academia Panameña de la Lengua por abrir sus puertas al ciclo literario que hoy comienza.
I
“Es por todos sabido que las gentes que nacieron en occidente durante los siglos V al XV vivieron apercibidas por un temor supersticioso, reminiscencias de creencias, actos y rituales provenientes del paganismo antiguo, de tal manera que asuntos tan cotidianos como la compra de un terreno, la tenencia de animales domésticos y hasta la vida conyugal, eran con frecuencia intervenidos por rituales mágicos o esotéricos.” (Córdoba 25)
Así comienza Augurio, el primer cuento de la colección de Gilza Córdoba (1979) titulada con el mismo nombre. ‘Es por todos sabido’ es sin duda un interesantísimo comienzo, además del primer augurio de que la historia te mantendrá entretenido. Todo lector conectará con la frase bien sea para sentirse parte de esa verdad universal que está por develarse o para enterarse de que la ignoran. En ambos casos se generará el efecto inevitable de querer saber y leer más.
Desde la primera línea, Gilza Córdoba promete una experiencia y despliega con gallardía en su debut elementos literarios y estilísticos que atrapan y deleitan. En el resto de la presentación trataré de ponerlos en evidencia. El primero de dichos elementos es la intertextualidad. Es grato leer a quien lee. Me gusta adivinar las lecturas del autor e imaginar cómo se transforman en ideas que, a su vez, son génesis de nuevas ficciones. Me entusiasmo cuando en un libro mencionan un libro que no he leído, y siento complacencia cuando lo conozco bien, además del cosquilleo que me causa interpretar las posibles connotaciones que tiene la mención de una obra en el contexto del libro que leo. Con todo esto quiero decir que, los libros leídos, como el sol, son imposibles de ocultar. Las lecturas son nuestro genotipo elegido. En Augurio, Córdoba muestra —no las costuras—, pero sí las lecturas, además de regalarnos una visión viajera, de quien conoce el mundo o por lo menos siente gran curiosidad por otras latitudes.
De la mano con la intertextualidad, va el segundo elemento literario que hallo en los textos de Córdoba: el efecto estético. No es mi intención ahondar en teoría de la crítica literaria, pero es imperativo destacar la manera en que Córdoba cristaliza la teoría de Wolfgang Iser (1923 - 2007). A continuación me atrevo a sintetizar para efectos didácticos la teoría planteada por el literato alemán:
Según Iser “La obra literaria posee dos polos que podemos llamar polo artístico y polo estético, siendo el artístico el texto creado por el autor, y el estético la concreción realizada por el lector.” (Hernández 104). Partiendo de ahí, en su teoría, Iser subraya que una obra es más que solamente un texto y que este texto tiene vacíos que exigen que el lector los llene —basándose en su imaginación y experiencia— en el acto de la concretización. Lo que más interesante me resulta es el hecho de que “el lector, al participar en la creación de un texto, aumenta su conocimiento y sus experiencias, lo que le conduce a una alteración en la vida o a una extensión de su perspectiva hacia el mundo. Por lo cual, la concretización del texto se vislumbra también a través de acciones y pensamientos.” (Himmelfart 34). Es decir que, según esta teoría, cada lectura de ficción que hacemos expande nuestro horizonte y aquellas nociones ficticias que tomamos del texto, de alguna manera pasan a formar parte de nuestra conciencia y, por lo tanto, nuestra realidad. El resultado del efecto estético también puede ser considerado en relación al papel del lector real (que somos nosotros, los lectores) y el lector ficticio (que es el personaje que lee dentro de la ficción) según proponer Iser. Gilza Córdoba en sus relatos utiliza a sus personajes como lectores ficticios para mostrar el efecto estético resultante de sus lecturas o exposición a otras obras, reforzando a su vez la intertextualidad de sus cuentos. No conforme, esta técnica en conjunto con su estilo, nos convierte a nosotros, los lectores reales, en entes que concretizan también la lectura de Augurio.
El tercer elemento que merece ser destacado es el nivel del lenguaje. Con suma elegancia Gilza engalana sus textos con un rico vocabulario, recordándome obras literarias clásicas de antaño donde el lenguaje solía ser desafiante y glamuroso. Sin embargo, el mérito está en la frescura que logran mantener sus relatos, sin caer en ningún momento en la rimbombancia e inutilidad de lo artificial y rebuscado.
Una primera página que me haga querer más, para mí es un buen augurio, y es este justamente el cuarto elemento magistral de la obra de Córdoba: sus buenos comienzos.
Confieso que a veces fui una lectora incauta, de esas que se dejan persuadir y hasta conquistar por el texto de la contraportada de un libro, sin detenerme a pensar ni mucho menos sopesar el criterio relativo de quienes lo escriben, las valoraciones e intereses de su casa editorial o las jugarretas del Marketing.
Hoy día rara vez leo contraportadas para saber de qué va la historia o decidir si comprar o no el libro entre mis manos. Hoy sucumbo ante la magia de un buen comienzo, que aunque no necesariamente representa la calidad o consistencia de la obra, en mí funciona como un disparador, una apuesta. En el caso de Córdoba, el 100% de los sus cuentos tienen comienzos impactantes, invitadores y sensuales. Aparte del título del cuento, sus buenos comienzos es otra razón que justifica el acertado título del libro. Los veinte comienzos de Gilza, todos, son augurios. Y de los buenos.
II
A continuación, haré una reseña del libro. En este repaso señalaré las particularidades que me llamaron la atención de cada texto y, de igual manera, pondré en evidencia cómo cada uno de los elementos antes mencionados (intertextualidad, efecto estético, lenguaje y buenos comienzos) se suceden en la obra. Me tomaré el atrevimiento de involucrar a la audiencia en la dinámica como cómplices silenciosos, pues si aquí todos somos lectores, debemos aprovechar la oportunidad de, con la autora presente, ser parte de la dialéctica entre nosotros y su obra. Voy a leer las primeras líneas de algunos cuentos y, por unos segundos, los dejaré juzgar si el comienzo los invita a seguir leyendo o no. Si desean seguir leyendo levanten la mano. Y si no… levanten la otra. (Es en broma). El objetivo del ejercicio es que se sientan parte de la dialéctica y, al mismo tiempo, poner en evidencia los pilares de mi apreciación y comentarios.
AUGURIO (p. 25)
“Es por todos sabido que las gentes que nacieron en occidente durante los siglos V al XV vivieron apercibidas por un temor supersticioso, reminiscencias de creencias, actos y rituales provenientes del paganismo antiguo, de tal manera que asuntos tan cotidianos como la compra de un terreno, la tenencia de animales domésticos y hasta la vida conyugal, eran con frecuencia intervenidos por rituales mágicos o esotéricos.” (Córdoba 25)
Augurio es la historia sobre un hombre solitario, casi ermitaño, que encuentra su lugar en la oscuridad literal y figurada. Una serie de hechos protagonizados por un cuervo que lo visita a diario, tambalean su escepticismo y lo sacan de control con fatídicas consecuencias. Es un logro plausible que en la brevedad de un cuento la autora muestre tan claramente la tendencia siniestra y hasta tanto maligna del protagonista del relato sin recurrir a lo expositorio, sino a través de una limpia narrativa.
Augurio comparte una intertextualidad directa y evidente con El cuervo, de Edgar Allan Poe (1809 - 1849), conectada a la trama; una intertextualidad explícita con Macbeth de Shakespeare (1564 - 1616), que a su vez conecta meta-textualmente con El cuervo al hacer mención de la escena donde unos pájaros descubren a unos asesinos ocultos. Se logra apreciar además el efecto estético de Macbeth sobre el narrador protagonista, quien en este caso es el lector ficticio tal y como lo define Iser. A continuación un breve extracto de Augurio que ilustra la concretización de Wolfgang Iser:
“Al llegar a la cuarta escena me perturbó ver urracas, grajos y cornejas descubrir con sus cánticos a asesinos encubiertos. La escena no demoró mucho, y pude disfrutar con agrado del resto de la obra.” (Córdoba 34)
El narrador —quien de alguna manera es un asesino encubierto—, se siente aludido por la escena. Es evidente cómo se ve afectada su perspectiva del lector ficticio al manifestar su incomodidad.
Pero además el cuento Augurio en su comienzo posee una intertextualidad implícita con Orgullo y prejuicio, de Jane Austen (1775 - 1817), siendo su frase inicial una de las más famosas de la historia. Hay muchas traducciones de la primera frase de este clásico de la literatura; una de ellas reza así:
“Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una notable fortuna necesita una esposa” (Austen 2012) [trad. José C. Vales]
Indudablemente, existe una similitud intertextual entre el inicio de Augurio y Orgullo y Prejuicio. Tal y como en la obra de Austen, en Augurio, su frase inicial no sólo marca el tono de la obra, sino que anuncia la trama de la historia.
Me llama poderosamente la atención la inserción de un tema de suma relevancia actual dentro de la trama del cuento: la violencia doméstica, haciendo un engranaje perfecto con el meta-significado del texto y aportando una valiosa connotación dentro del universo literario que circunscribe el cuento: por una parte Orgullo y prejuicio (cuyo tema central es el matrimonio en una época de evidente desventaja económico-social de la mujer); El cuervo, (en cuya trama el narrador lidia con la pérdida de su mujer, paseándose por diversos estados de ánimos que acaban en la locura) y, finalmente, Macbeth (donde la traición es uno de los temas centrales de la obra). Vale la pena mencionar que tanto El cuervo como Macbeth, ambos poseen numerosas citas intertextuales con otros poemas, obras clásicas y folclore.
HOGAR (p. 36)
“No había manera de saber de dónde le venía esa rabia inmensa que ahora la desbordaba como un río salido de madre.” (Córdoba 36)
Una niña comete un matricidio. Cuento que hace alusión directa a la violencia doméstica como tema; un tema que ocupa y preocupa a las escritoras panameñas y de otras latitudes de América y el mundo. Como evidencia literaria local y reciente debo mencionar el libro ¡Basta! 100 mujeres contra la violencia de género (Fonseca et al., 2017) antología de minicuentos y relatos que reúne a 100 mujeres panameñas escribiendo alrededor de esta temática. De haber publicado este libro antes, Hogar de seguro hubiese formado parte de esta compilación, no solo por su tema central, sino por su calidad literaria y admirable precisión. El lenguaje construye atinadamente sobre el aspecto visceral que acompaña a la trama.
LA FELIGRESÍA (p. 38)
“Logró evadir varios objetos, pero la herida mortal le vino de un relicario con puntas filosas que alguien le acertó.” (Córdoba 38)
La serpiente que se muerde la cola. En este cuento Córdoba comienza por el impactante final de la historia, enganchando al lector en el misterio de cómo se suscitaron los hechos, para cerrar en su principio, creando así un cuento redondo (como le gustaría acotar a nuestro profesor Jaramillo Levi). La feligresía muestra la versatilidad de la autora al presentar una trama dramática con un afilado humor negro. Me gusta también el desenfado con el que Córdoba vuelve la atmósfera del cuento atemporal al insertar elementos mundanos de nuestro día a día en un ambiente vetusto y anticuado; como cuando en pleno ritual religioso —que infunde en el lector cierto protocolo— se oye una queja a voz en grito sobre una propiedad con daños ocultos.
RAPSODIA (p. 44)
“Me encontraba en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en compañía de mi amiga Malú, visitando la inauguración de una exposición titulada “Cien años de música”. Se estaban presentado cuarenta y cinco obras fotográficas provenientes de varios países del continente americano.” (Córdoba 44)
Los detalles de esta historia tienen un efecto casi hipnotizador en este cuento anecdótico. La hiper-sensualidad del lenguaje y el erotismo logran dejar pasmada a una trama simple y toman el protagonismo, como se puede apreciar en el siguiente pasaje:
“Por instantes parecía estar dominado por un desborde de pasión que me subyugó, sometiéndome por completo a la adoración de su persona y de su arte. La música fue diseminando en mí sentimientos que me me llevaron de la dicha al éxtasis con celeridad y me vi sumergida en un delirio en donde podía sentir las vibraciones de los sonidos rozando mi piel y saturando mi alma. Al concluir la pieza, el público se puso en pie y ovacionó. Yo estaba fuera de mí: me temblaban los muslos y me sentía como afiebrada. Él me buscó con la mirada y al cruzarse nuestros ojos sentí una fascinación que me llenó de vitalidad.” (Córdoba 48)
Adivino una asignación de taller sobre erotismo en Rapsodia, y quizás por tener fresco el boom de literatura erótica reciente encuentro intertextualidad entre este cuento y Cincuenta sombras de Grey, especialmente por el tipo de relación entre los personajes principales e incluso por el nombre del protagonista, que es el mismo del ahora ícono sexual Christian Grey.
Suetonio y Pushkin; Bach, Chopin y Liszt; el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Teatro Nacional de Panamá y Hagia Sofía, son algunos de los personajes, melodías y lugares por los cuales nos pasea la autora en un recorrido entretenido.
EL ODISSEUS (p. 55)
“Esa madrugada nos encontrábamos en el puerto de Rora en la región del Gilfra, disfrutando del sonido que producían las olas al romper con violencia en el acantilado y de un magnífico cielo lleno de estrellas.” (Córdoba 55)
En El Odisseus la autora vuelve a utilizar hábilmente la concretización como recurso. Un narrador protagonista cuenta su aventura de encontrar en el acabado armatoste de un barco naufragado una serie de artículos interesantes, entre ellos la bitácora de viaje del presunto capitán de la nave, el cual comienza a leer. A partir de ese momento, el narrador protagonista se convierte en el lector ficticio, y nosotros, los lectores reales, pasamos a leer la lectura del ficticio, es decir, la bitácora de viaje. Córdoba logra con éxito una transición de la historia que, a su cierre, funge también como cierre de la historia principal, aquella del lector que encuentra la bitácora. La concretización se da no sólo a nivel del lector ficticio (al enterarse de la procedencia de uno de los objetos hallados tras leer la bitácora), sino también a nivel del lector real, quienes llenamos el ‘vacío’ del final de la historia principal con nuestras propias inferencias.
En esta historia la autora presenta locaciones recurrentes que asumo son parte de su imaginario, como Tetris, por ejemplo, y otros lugares de un mapa Córdobezco (Puerto de Rora y Puerto de Orab Rushi, Isla de Esbos y el arrecife de Hilab Rumi), que nos recuerda a mundos como la Tierra Media, Westeros, Hogwarts o Narnia, en una escala de menor aliento, pero que sin duda refuerza la intertexualidad de Augurio.
LAS TETAS DE SIMONÉ (p. 62)
“Ayer como cualquier otro día, me dirigí a la recepción de mi despacho para registrar mi hora de llegada y entonces vi a Simoné tras su escritorio, desnuda de la cintura para arriba.” (Córdoba 62)
Excelente comienzo. Me gusta además la musicalidad del título, Las tetas de Simoné. Esta musicalidad, producida a punta de un orquestado lenguaje satírico, logra mantenerse a lo largo del mini-cuento. Aprecié el nivel de lenguaje del texto, clave del punch de la historia dada su brevedad. De nuevo, Córdoba muestra un humor no chistoso, subyacente, que aporta versatilidad y eficiencia a su pluma.
EL CUADERNO DE NUMEROLOGÍA (p. 64)
“Durante casi seis meses tuve el cuaderno conmigo en todo momento. Lo llevaba doblado en mi bolsillo durante el día y por la noche apenas me lograba apartar de él. ¿Pero sobre qué alma no pesa algún pecado? ” (Córdoba 64)
Esta es la historia de un hombre que sus conocimientos sobre numerología y adivinación lo llevan a crear un cuaderno de anotaciones numéricas que mejoran y, a la vez, empeoran su suerte. De nuevo —como en Augurio— la autora plantea una disyuntiva entre el esoterismo y la ciencia, dibujándolas como fuerzas opuestas y, si se quiere, complementarias. La República, de Platón y una mención a la escuela pitagórica son la marca de intertextualidad en este cuento.
EL ÚLTIMO ACTO (p. 71)
“Cuando esa mañana María abrió la puerta del apartamento No. 3E del Edificio Le Meridien para hacer el aseo, encontró a Isabella con la mirada perdida, ataviada con un vestido sastre y un collar de perlas.” (Córdoba 71)
El último acto es un cuento breve y de suma eficiencia lleno de detalles extravagantes que incluyen la personificación de la muerte. Una de esas historias sobre la rara cotidianidad de un personaje extraño que se graba en nuestra memoria. Gymnopédie No. 1, de Satie y Breakfast at Tiffany’s representan la musicalización e intertexto presentes en el cuento. Es imperativo destacar que según Roland-Manuel, (amigo de Satie) el título de de la composición de Satie, es en sí producto de la intertextualidad de la pieza musical con la obra de Flaubert, Salammbô (Davis 31), y que el compositor elegiría tras leer la novela.
LOS PATOS DEL LAGO GILFRA (p. 75)
“A comienzos del Antropoceno, un grupo de hombres se asentó a lo largo de la costa oeste del extinto lago Gilfra, donde hoy se encuentra el desierto de Odira.” (Córdoba 75)
El antropoceno representa la época de cambio geológico por el impacto del hombre sobre la tierra. Estas son pistas que, desde el comienzo de esta historia, va soltando la autora cuando reaparece Gilfra —ya no como región, sino como un lago extinto donde ahora yace un desierto— además de otros lugares de su imaginario: el desierto de Odira, la ciudad de Tetris, los montes Edrev, el extinto río Azúl… En una narración sublime Córdoba va orientándonos en su mundo y presentándonos a comunidades que se enfrentan a los cambios geológicos de una era, afrontando fenómenos migratorios y vicisitudes climáticas. El sentido de comunidad reflejado en la convivencia comunal y en la historia espejo de los patos (como seres y regalo de la naturaleza), infunden una cálida esperanza en un mundo casi apocalíptico. No puede faltar la intertextualidad con El Quijote y el Aquiles de la mitología griega.
EL ATARDECER (p.83)
“María llegó a su casa extenuada después de seis horas de viaje en bus con sus hijas y lo primero que advirtió al abrir la puerta de la pieza principal de su casa fue una atmósfera extrañamente pacífica.” (Córdoba 83)
Los casos de violencia doméstica más desestimados y difíciles de probar son los de violencia psicológica y financiera. Gran parte de la población desconoce incluso que el abuso psicológico y el control financiero en el hogar son formas de violencia. Me sentí conmovida de la precisión con que Córdoba aborda este tema en El atardecer. Sin exponer explícitamente un abuso físico, la autora explora los efectos sobre la familia del abuso psicológico al tener a un alcohólico en casa. Destaca en este cuento un lenguaje que se escurre suave en la construcción fluida de la historia.
EN LOS PARQUES (p.87)
“Víctor recurría a los intrincados vericuetos de la mente para neutralizar sus ansiedades. Podía, por ejemplo, pensar que una gata que a veces le hacía compañía por las noches era su antigua profesora de escultura que estaba allí haciéndole una visita de cortesía. Ambas tenían los ojos rasgados y unas manchas oscuras bajo ellos, así que resultaba muy fácil hacer la transmutación. Era capaz, por ejemplo, de dibujar con su imaginación la Plaza Roja, en el espacio que había entre edificios de la ciudad o de ver a una flor abriéndose en cámara rápida bajo la lluvia.” (Córdoba 87)
Otro fenomenal comienzo. Al empezar a conocer al raro personaje principal en su recorrido por los parques y calles de Ciudad de Panamá, nos damos cuenta de su inestabilidad. Sin embargo, cuando la autora hace mención a The Catcher in the Rye, su aparición aparentemente fortuita y, sobretodo, al conocer la suerte de Víctor al final del relato, se confirma no sólo esto, sino también la intertextualidad de forma y fondo que se imprime en este cuento. No es esta la única intertextualidad presente, también hay referencia a una frase que se le atribuye a Ramón Gómez de la Serna, escritor vanguardista español, inventor del género que se conoce como greguerías; así como también otra frase atribuída a Enrique Múgica, político español. Ambas máximas construyen sobre la atmósfera nostálgica y de añoranza del cuento.
PRECOGNICIÓN (p.103)
“Cerró los ojos y volvió a tener aquel sueño en donde se veía a sí mismo comer de las uvas de una vid mientras se oía cada vez más cerca el áspero y amenazador graznar de un cuervo.” (Córdoba 103)
Por tercera vez la autora juega con el misterio de lo intangible. Esta vez titula el cuento Precognición, (que significa lo que se sabe de antes), para entrelazarlo con una premonición onírica (lo que se cree saber de antes a través de los sueños) que se sucede en la historia: lo racional y lo esotérico juegan en el mismo plano. Reaparece la intertextualidad con un cuervo, convirtiéndose ya en un leitmotif de la obra.
INMÓVIL (p. 121)
“Andrea estaba sentada con los brazos colgados a los flancos del cuerpo en una solitaria silla de madera. Tenía sed y el sol que entraba por la ventana abierta le estaba quemando la espalda, pero tenía miedo de cambiar de postura porque él estaba allí aunque sin mirarla y pensaba que si se movía llamaría de pronto su atención.” (Córdoba 121)
Cuento que refleja con cruda realeza lo que indican las estadísticas mundiales de violencia doméstica: la actitud y pasividad de una mujer sometida y paralizada por el miedo; la historia de dolor que se repite por generaciones; los temas circundantes al abuso como el alcohol, la religión y una distorsión del amor. La violencia de género apunta a ser un tema central de la colección de cuentos de Córdoba. No deja de estar presente la intertextualidad al hacer referencia a pasajes de la Biblia.
ETELVINO RUSÓ (p. 126)
“Hoy domingo después de beber un café frío y de fumar dos cigarrillos para energizarme, estoy escribiendo para mí la crónica que no me atreví a publicar. Aunque más que una crónica, es una confesión. Y así tenía que ser, porque de otro modo con seguridad se hubieran levantado en “El Centinela” vitriólicos rumores sobre mi excesivo gusto por el alcohol.” (Córdoba 126)
En esta historia Córdoba se destaca como hábil narradora al fusionar —tal y como anunció en su vigoroso inicio— los géneros de crónica y cuento fantástico. En esta oportunidad el relato nos pasea por Bogotá y el lenguaje se mueve entre los linderos de lo expositivo y narrativo para perfilar elocuentemente una crónica dentro de un cuento… o viceversa.
***
Química orgánica, Un adiós, Óbito, Magia, José Miguel y Selva adentro son el resto de los cuentos de la colección, historias de más largo aliento donde resalta —al igual que en las anteriores— el nivel de lenguaje; referencias intertextuales (una más a El cuervo, en Magia); variedad temática y de estilo que explora cuentos anecdóticos, relatos con dejos costumbristas, experiencias del más allá, mundos de fantasía y un diario de viaje salvaje; y, por supuesto, todos enganchan con buenos comienzos.
III
Con toda responsabilidad me atrevería a comparar Augurio con una de mis colecciones de cuentos favorita, Interpreter of Maladies (Intérprete de emociones, en su traducción al español), de Jhumpa Lahiri. Cuando leí por primera vez este libro, hice la siguiente reseña en la red social de lectores Goodreads —me cito a mi misma—,
“Me pasó que al final de cada cuento tuve la sensación de que la historia no había acabado; retrocedí y adelanté la página a ver si por error me había saltado algo porque las cosas no podían quedar allí, como si a Jhumpa le hubiese dado flojera contarnos el final; como esas lagunas que tiene la gente cuando te están contando algo y de repente no recuerdan por qué... y la historia queda perdida y colgando en un limbo. Pues así, cuento tras cuento, me iba poseyendo la parquedad del anticlímax y el mutis de lo aparentemente irresoluto.
Sin embargo, comencé a notar algo extraño desde que me embarqué en este libro: me topo a los personajes en la calle, comiendo en un restaurante y hasta en la televisión que no veo. Recuerdo las situaciones, como memorias propias, mientras desayuno en el trabajo y, a veces, me descubro soñando con esos lugares a los que no fui, o cultivando los deseos que leí pero nunca tuve.
Cada historia vive, sin acabar, conmigo y en mí. ¿Puede haber un mejor desenlace?” (Pérez-Talavera, Mayo 2018)
“She’s a master of the delayed plot development”, afirma el poeta americano Tyrell sobre Lahiri en su crítica publicada para el Harvard Review en 1999 a propósito de su libro Intérprete de emociones. Córdoba, por su parte, aunque maneja temáticas muy distintas en sus veinte cuentos publicados (como es natural en una primera producción literaria de un cuentista que busca su voz), posee un común denominador entre sus relatos que es justo eso que Tyler llama desarrollo tardío de la trama. Quiere decir que la historia va pasando a ritmo y no es hasta casi el final —o hasta el final mismo— donde pareciera que el clímax y la resolución ocurrieran al mismo tiempo; Córdoba lo logra con una delicada transición, apoyada reciamente en el manejo del lenguaje.
En el caso de Jhumpa Lahiri, la PhD Noelle Brada-Williams (Coordinadora del Departamento de Inglés y Literatura Comparada de la Universidad San José State California, donde actualmente curso mi maestría en Ciencias de la Información y Biblioteconomía) acota que Intérprete de emociones no es sólo una colección de historias que conectan por elementos en común, sino más bien un ciclo de cuentos en los que los temas y motifs están intencionalmente conectados para producir un efecto acumulativo en el lector. (Brada-Williams 2004). En mi opinión, algo similar ocurre en Augurio, (con la diferencia de que Córdoba lo hace sin premeditación ni alevosía por ser una publicación resultante de cuentos de taller), sin embargo, ella también logra generar un efecto contundente en el lector, entrelazando sus historias mediante temas (como la violencia doméstica); mediante un leitmotif (siendo el más evidente El cuervo de Poe); mediante recursos como la intertextualidad (como una medida de expandir el sentido y el espacio del cuento), y la concretización (como amplificador a través del efecto estético); y mediante técnicas como el manejo del lenguaje, la confección de comienzos interesantes y la creación de un imaginario a través de una hermandad geográfica entre cuentos. Augurio es una colección con una marcada inclinación existencialista al estilo de El extranjero.
No son estas las únicas similitudes que comparten la autora americana de raíces bengalíes con nuestra panameña Gilza Córdoba. Al igual que Augurio para Gilza, Intérprete de emociones es la primera colección de cuentos publicada de Jhumpa Lahiri; publicación que le mereció importantes reconocimientos y galardones literarios, entre ellos un Pulitzer en ficción, Hemingway Foundation/PEN Award, El libro debut del año de The Newyorker y el O’Henry Award.
Por todas las razones hoy expuestas, además de por el inocultable potencial de la autora, yo creo que Augurio es una obra digna de estimación que les recomiendo leer pronto. Un buen augurio para una promisoria carrera literaria que apenas comienza.
Por su atención, muchas gracias. He concluido.
Bibliografía
Austen, Jane. “Libro Primero. Capítulo I” Orgullo y prejuicio, traducido por José C. Valdés, editado por Espasa, Kindle ed., Austral, 2012.
Córdoba, Gilza. Augurio. Foro/Taller Sagitario Ediciones, 2018.
Davis, Mary. Erik Satie, Reaktion Books Ltd., 2007.
Himmelfart, Kristin. La lectura de las lecturas en Angosta de Héctor Abad Faciolince. Tesis Universidad de Oslo, 2011. Oslo: Reprosentralen, 2012. Impreso.
Hernández, Silvestre Manuel. “El Texto Y El Lector.” Fuentes Humanísticas, vol. 41, Jan. 2011, pp. 95–107. EBSCOhost, libaccess.sjlibrary.org/login?url=https://search.ebscohost.com/login.aspx?direct=true&db=a9h&AN=64467227&site=ehost-live&scope=site.
Noelle Brada-Williams. “Reading Jhumpa Lahiri's ‘Interpreter of Maladies’ as a Short Story Cycle.” MELUS, vol. 29, n
Tyrell, Michael. Harvard Review, no. 17, 1999, pp. 198–199. JSTOR, www.jstor.org/stable/27561372.