Fugazmente conocí a un artista que escribe sobre las honduras del ser con la simpleza del agua. Y con su transparencia y su ondular y su belleza. Refleja en la superficie de un párrafo vidas enteras.
Un oficio.
Una nación.
Un hobby.
Un parentesco.
Un hashtag.
Son todos atajos al responder la pregunta compleja que nos hace una biografía: ¿quién eres?
A él yo lo asumo un micro-biógrafo que retrata emociones con su pluma: el obturador. Enseña a las multitudes a leer rostros, alfabetiza espíritus. Por ortografía, la humanidad.
En su oficio destacan sus encuadres y retratos vivos habitados por un alma, y esa alma es la historia de un vecino que nos cuenta con gramática impoluta; el fotograma exacto de un momento único que escoge y plasma con duende lorquiano.
Donde el carpintero ve aserrín, la maestra ve un pesebre: todos dicen que Donaldo es fotógrafo; yo digo que es un escribidor.
Con Donaldo Barros en Marión Gallery, Panamá. Síganlo en IG: @donaldobarros